La muerte y la resurrección de cristo es muy conmovedora pues en ella vemos con facilidad, lo grande que es el amor de Dios, para la humanidad, esas fueron las palabras que Jesús utilizo para dirigirse a Maria, la que seria su madre.
Desconsolada como muchos de sus discípulos, allí se encontraba ella en la tumba de su querido hijo y amante señor.
Este capitulo nos enseña que el momento en que nosotros pensamos que hemos perdido la batalla, Jesús levanta la bandera a favor de nosotros.
Todo el tiempo podrían haber estado regocijándose en el conocimiento de un salvador resucitado, en el huerto, María había estado llorando cuando Jesús estaba cerca de ella, sus ojos estaban tan cegados por las lagrimas que no lo conocieron.
Pero aunque ellos se mantuvieron juntos hubo un momento en que la fe faltó, olvidaron la promesa que su Amante Maestro les hizo de que él resucitaría al tercer día de su muerte.
MARTA LORENZO HERNANDEZ
Durante el viaje, el sol se había ocultado, y aquellos discípulos aunque le ofrecieron posada se quedaron con Él.
Ellos no aceptaron su propuesta y decidieron seguir al señor.
Es una enseñanza que buscando de cristo se puede encontrar la salvación, sin importar las malas propuestas.
Debemos mirar el ejemplo de los discípulos, ellos decidieron seguir a Jesús.
(gr. Jristós, "ungido"; equivalente al heb. Mâshîaj, "Mesías", "ungido").
Título oficial de Jesús de Nazaret que lo designa como "el Mesías" o el prometido del AT. En los tiempos del AT el sumo sacerdote (Ex. 30:30), el rey (2 S. 5:3), y a veces los profetas (1 R. 19:16) eran "ungidos" cuando se los dedicaba al servicio santo. En las profecías mesiánicas el término vino a aplicarse específicamente a el Mesías, que, como profeta (Dt. 18:15), sacerdote (Zac. 6:11-14) y rey (ls. 9:6, 7), era quien había sido designado como Redentor del mundo. Al usarlo en tiempos del NT se omitió el artículo definido, y "Cristo" llegó a ser virtualmente un nombre propio, tal como lo usamos hoy. El uso combinado de los nombres Jesús y Cristo constituye una confesión de fe de que Jesús de Nazaret, el hijo de María, el Hijo del hombre, es realmente el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios, y por ello una profesión de fe en la unión de las naturalezas divina y humana en una Persona. En Jer. 23:5, 33:15, Zac. 3:8 y 6:12 se usa un título para Cristo: "rama" (heb. tsemaj, "un brote [renuevo]", "un retoño [vástago]"); el Mesías está representado como un renuevo de David.
Jesús
(gr. I'sóus, "Salvador" [del heb. Yêshûa{, "¡Yahweh, salva!", forma tardía de Yehôshûa{, Josué]).
La forma española "Jesús" proviene del latín. El nombre aparece en osarios descubiertos en Palestina y que datan del tiempo de Cristo, o poco tiempo después.
Jesucristo
(gr. I'sóus [transliteración del aram. Yeshûâ{, "Jesús", y éste del heb. Yehôshûa{, Josué] más Jristós [traducción del heb. Mâshîaj, Mesías]).
El Salvador del mundo, el Mesías. En tiempos del NT Yeshûâ{ era un nombre corriente que se daba a los muchachos judíos. Expresaba la fe de los padres en Dios y en su promesa de uno que traería salvación a Israel. El ángel Gabriel indicó a José que llamara al primogénito de María con este nombre, y la razón que se le dio fue: "Porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1:21). "Cristo" no fue un nombre personal por el que la gente lo conoció mientras estuvo sobre la tierra, sino un título usado para identificarlo con aquel en quien las promesas y profecías mesiánicas del AT encontraban su cumplimiento. Para los que creyeron en él como enviado de Dios, él era el Cristo; es decir, el Mesías, el "ungido" por Dios para ser el Salvador del mundo.
El uso de los 2 nombres juntos (Mt. 1:18; 16:20; Mr. 1:1), Jesús y Cristo, constituye una confesión de fe en que Jesús de Nazaret, el hijo de María, es realmente el Mesías (Mt. 1:1; Hch. 2:38). También se lo conocía por el título de Emanuel, "Dios con nosotros", un reconocimiento de su divinidad y nacimiento virginal (Mt. 1:23; cf Is. 7:14; 9:6, 7). La designación corriente que usó Jesús para sí mismo fue "el Hijo del Hombre" (Mr. 2:10; etc,), una expresión que nunca usaron otros cuando hablaban de él o se dirigían a él. Con este título, que parece tener implicaciones mesiánicas, Jesús enfatizó su humanidad, sin duda pensando de sí mismo como la simiente prometida (Gn. 3:15; 22:18; cf Gá. 3:16). Raramente usó para sí mismo el título "Hijo de Dios", el cual enfatizaba su divinidad (Jn. 9:35-37; 10:36), aunque a menudo se refería a Dios como su Padre (Mt. 16:17; etc.). Sin embargo, el Padre lo llamó su Hijo (Lc. 3:22; 9:35), y Juan el Bautista (Jn. 1:34) y los Doce (Mt. 14:33; 16:16) lo reconocieron como "Hijo de Dios". La afirmación de Jesús de que Dios era su Padre en un sentido especial, y más tarde, su admisión de ser el Hijo de Dios, le valieron el arresto de los judíos que alegaban que eso era causa suficiente para su condenación y muerte (Lc. 22:70, 71). El ángel Gabriel explicó que Jesús debía ser llamado Hijo de Dios en virtud de su nacimiento de María por el poder del Espíritu Santo (Lc. 1:35; cf He. 1:5), y Pablo dice que la resurrección de Jesús de los muertos lo declara "Hijo de Dios" con poder (Ro. 1:4). Sus dicípulos con frecuencia se dirigieron a él como "Maestro" (Mr. 4:38; 9:38; etc.), y también, en reconocimiento de su deidad, como "Señor" (Jn. 14:5, 8; 20:28). La gente y los gobernantes por igual usaron el término "Hijo de David" como una designación popular para el Mesías (Mt. 12:23; 22:42; Mr. 12:35; etc.), y como una expresión de la esperanza de liberación de la opresión política.
Mesías
(heb. Mâshîaj [del verbo mâshaj, "ungir"], "ungido"; gr. Messías, transliteración de la forma heb. o del aram. meshîjâ).
Título del esperado rey y libertador de Israel (Dn. 9:25, 26; Jn. 1:41; 4:25; 9:22). No todos los eruditos aceptan que Daniel se refiere al Mesías esperado. Sin embargo, muchos cristianos conservadores consideran que estos pasajes son una predicción del tiempo en que vendría el Mesías para hacer la obra que le correspondía, al final de un período especificado.
El término heb. mâshîaj aparece 39 veces en el AT y se aplica a los reyes de Israel como los ungidos de Jehová (1 S. 24:6; 2 S. 19:21; 2 Cr. 6:42; etc.); a Ciro, rey de Persia (ls. 45:1); al sumo sacerdote (Lv. 4:3, 5; etc.); y al esperado rey y libertador de Israel (Dn. 9:25, 26). La LXX Generalmente traduce este término por Jristós (del verbo. jríÇ), "ungir"; de donde sale "ungido"). Este término aparece centenares de veces en el NT y se lo translitera como "Cristo" (Jn. 1:41). Así, aunque la palabra Messías, "Mesías", es sumamente rara en el NT, la forma traducida Jristós, "Cristo", es muy frecuente.
Rabí
(gr. rhabbí; del heb. y aram. rabbî, "mi grande [amo]", "mi maestro").
Título de respeto que usaban los discípulos al dirigirse a sus maestros. El posesivo "mi" pronto perdió su fuerza, y en el NT sólo se la usaba como una forma de cortesía, generalmente equivalente a nuestro "señor". Se aplicó a Cristo (Mt. 26:25; Mr. 14:45; Jn. 1:38, 49; 3:2, 26; 4:31; 6:25; 9:2; 11:8; etc.) y a Juan el Bautista (Jn. 3:26). Cristo aconsejó a sus discípulos en contra de codiciar o usar este título (Mt. 23:7, 8). En este pasaje rhabbí parece haber sido usado en un modo más restringido, como un título honorífico para los eruditos y los doctores de la ley, con la implicación posible de que siendo especialistas en la ley de Moisés, su interpretación de los deberes religiosos allí prescriptos era infalible y, por lo tanto, obligatoria. El autor del 4º Evangelio interpreta la palabra rhabbí como didáskalos, "maestro", "instructor" (Jn. 1:38).
Raboni
(gr. rhabbouní, rhabbounéi, rhabboní, rabbonéi [transliteración del aram. rabbûnî]).
Otra forma para el título de "rabí". Era una forma aún más respetuosa de dirigirse a alguien, y significaba "mi (gran) maestro". Se aplicó a Cristo en Mr. 10:51 y Jn. 20:16. En esta última referencia aparece como "Raboni", que se traduce del gr. didáskalos, "maestro".
Emanuel
(heb. 'Immânû'êl, "Dios [está] con nosotros"; gr. Emmanouel).
Hijo-señal predicho por el profeta Isaías en conversación con Acaz, rey de Judá (ls. 7:14). Alarmado por una alianza entre Peka (rey de Israel) y Rezín (rey de Siria) contra Judá (Is. 7:2, 5, 6), Acaz se volvió hacia Tiglat-pileser III (rey de Asiria) por ayuda (2 R. 16:6-9; 2 Cr. 28:16; Is. 8:9-12). Previendo un ataque inminente, salió para inspeccionar el suministro de agua para la ciudad. Isaías se encontró con él en el camino con el mensaje de que no debía temer a Peka ni a Rezín, sino confiar en Jehová (ls. 7:4-7; 8:13, 14). En prueba de la liberación prometida, Isaías (que significa "Yahweh salva") predijo el nacimiento de un hijo que se debía llamar Emanuel (7:14), como señal y recordativo de la presencia permanente de Dios. Antes que este niño-señal llegara a la edad de la responsabilidad, Peka y Rezín caerían ante los asirios (8:7, 8, 15). Esta predicción, hecha c 734 a.C., se cumplió literalmente. Tiglat-pileser III tomó Damasco y mató a Rezín 2 años más tarde (2 R. 16:9, 10), luego devastó Galaad y Galilea, se llevó numerosos cautivos y tramó el asesinato de Peka (2 R. 15:29, 30; 1 Cr. 5:26; Is. 8:4). El reino de Israel desapareció 12 años más tarde con la caída de Samaria ante los asirios (723/22 a.C.; cf Is. 7:8). Repetidas invasiones asirias durante los siguientes años también devastaron toda la tierra de Judá, con excepción de Jerusalén (2 R.18:13- 19:34; 2 Cr. 32:1-20; Is. 36:1-37:20). Sin embargo, Dios estaba con su pueblo para proteger al remanente en Jerusalén en forma milagrosa (2 R. 19:35-37, 2 Cr. 32:21, 22; Is. 37:21-38). Si Acaz hubiera confiado en Jehová, Judá hubiera evitado esta terrible experiencia, como lo implica el nombre de este niño-señal: "Dios (está) con nosotros". Pero el persistente rechazo de Acaz de poner su esperanza en Dios en lugar de confiar en la alianza con Asiria, resultó en gran sufrimiento para Judá (8:7, 8, 21, 22). Con ironía, el profeta habla de Judá como la tierra de Emanuel -"Dios (está) con nosotros"- comparando lo que realmente ocurrió con lo que podría haber sido (vs. 8, 10).
Mateo cita Is. 7:14 y lo aplica a Cristo (Mt. 1:23). El nombre Emanuel se originó en una situación histórica real como una promesa de que Dios estaría con su pueblo para librarlo de sus enemigos inmediatos. Pero Isaías también miraba por inspiración al tiempo cuando Dios enviaría a su propio Hijo, el verdadero Emanuel, con ese mismo propósito. Por inspiración, Mateo tomó la profecía de Isaías y la aplicó a la persona de Jesucristo, que nació de una virgen, y quien, en un sentido supremo, es "Dios con nosotros".
Miguel
(heb. Mîkâ'êl, "¿quién es como [semejante a] Dios?"; gr. Mijael).
El nombre aparece por 1ª vez en los textos cuneiformes de Ebla del período prepatriarcal, más tarde en un trozo de tiesto con inscripciones hallado en Nimrûd, y en los Rollos del Mar Muerto.
El arcángel Miguel, como un ser celestial, aparece sólo en los pasajes apocalípticos (Dn.10:13, 21; 12:1; Jud. 9; Ap. 12:7). En Dn. 10:13 se lo describe como "uno de los principales príncipes" que había venido para ayudar al ángel en su lucha con "el príncipe del reino de Persia". En el v 21 se lo describe como "vuestro príncipe", y en 12:1 como "el gran príncipe" que protege y libera al pueblo de Daniel. En Ap. 12:7 se lo menciona después de haber librado una batalla con el dragón, es decir, Satanás (v 9), y con los ángeles del dragrón, que terminó con la victoria de Miguel y la expulsión de Satanás del cielo; Jud. 9 habla de una contienda entre Miguel y el diablo por el cuerpo de Moisés. Los judíos del tiempo de Cristo pudieron haber tenido alguna información, ya que se dice que dicha disputa se describe en el libro seudoepigráfico judío La asunción de Moisés, aunque no aparece en las porciones que nos han llegado del libro. El Tárgum de Jonatán sobre Dt. 34:6 atribuye a Miguel y sus ángeles la sepultura de Moisés. La literatura judía describe a Miguel como el más elevado de los ángeles, el verdadero representante de Dios, y lo identifica con el "ángel de Yahweh", al cual se menciona con frecuencia en el AT como un ser divino. También se afirma que Miguel era el ángel que vindicó a Israel contra las acusaciones de Satanás en el tribunal celestial. Véase Talmud de Babilonia, Yoma 37a; Midrash Rabbah sobre Gn. 18:3, Ex. 3:2 y 12:29. Muchos eruditos bíblicos identifican a Miguel con Cristo (véase CBA 4: 886).
Las siguientes son escenas que aparecen en la película La Pasión de Cristo de Mell Gibson y la página del DGT donde Elena White hace la misma descripción.
1.Jesús orando bajo la Luna llena de Pascua (DTG 636)
2.Los discípulos vieron a Jesús agonizando. El cuerpo de Jesús temblaba y tambaleaba (DTG 363)
3.Los discípulos estaban a corta distancia de Jesús, o sea que pudieron ver y escuchar todo después de despertar (DTG 637)
4.Satanás tentó a Jesús en el Getsemaní mientras oraba. Lo tentó para que se retirara de lo que iba a hacer (DTG 638)
5.Jesús se aferró al suelo mientras Satanás le exponía sus tentaciones (DTG 638)
6.Llevaron a Jesús del oro lado del arroyo de Cedrón, o sea, que tuvieron que cruzar un puente (DTG 647)
7.Aún siendo Jesús recién arrestado, se movía penosamente (DTG 647)
8.Nicodemo y José de Arimatea no fueron dejados en la reunión por defender a Jesús (DTG 648)
9.Jesús fue golpeado varias veces antes de ser condenado (DTG 648)
10.La habitación fue iluminada cuando Jesús le declaró a Caifás que era el Hijo de Dios, y que le verían sentado a la diestra de Dios (DTG 654)
11.Pedro y Juan estaban presentes en ese concilio, viendo desde cierta distancia (DTG 657)
12.Pedro Maldijo al negar a Jesús (DTG 659)
13.Pedro recordó el momento cuando le dijo a Jesús que moriría por el (DTG 659)
14.Antes de admitir que había pecado, Judas le dijo a Caifás que liberara a Jesús (DTG 669)
15.Judas arrojó las monedas a los pies de Caifás (DTG 669)
16.Judas se ahorcó en un árbol seco (DTG 670)
17.La esposa de Pilato le dijo al mismo Pilato que no tuviera nada que ver con el galileo (DTG 672, 680, 681)
18.Pilato temía que liberar o matar a Jesús en ambos casos le traería problemas (DTG 676)
19.Herodes no escuchó los cargos contra Jesús (DTG 677)
20.Había demonios en forma humana en todo el proceso del juicio de Jesús (DTG 682)
21.Jesús fue azotado a la vista de la muchedumbre (DTG 682)
22.Jesús fue "cubierto de heridas" - desfigurado (DTG 682)
23.A Jesús le arrebataban la caña y se la azotaba en la corona de espinas (DTG 682)
24.Jesús no expresó palaras de sufrimiento en los azotes, sino que se mantuvo en silencio (DTG 683, 685)
25.Jesús fue presentado por Pilato ante la muchedumbre desnudo hasta la cintura (DTG 684)
26.Del cuerpo de Jesús la sangre fluía copiosamente (DTG 684)
27.De Su rostro también salía sangre (DTG 684)
28.Jesús fue azotado dos veces (DTG 687)
29.A Jesús le pusieron a cargar TODA su cruz (DTG 690)
30.Al Jesús ver quienes le injuriaban rumbo al calvario, recordó las escenas cuando fue proclamado Rey, mientras montaba el pollino (DTG 692)
31.María siguió a Jesús todo el tiempo (DTG 693)
32.María quiso sostener la cabeza de Jesús y bañar su frente (DTG 693)
33.Jesús dijo "Padre, perdónalos..." mientras era clavado (DTG 693)
34.Jesús no encajaba en la cruz porque le pertenecía a Barrabas (DTG 690)
35.Jesús fue clavado EN las MANOS. "Las heridas hechas por los clavos se desgarraban bajo el peso de su cuerpo" (DTG 708)
36.Cuando Jesús fue clavado en la cruz, fue plantado con violencia en el hoyo preparado para ella (DTG 694)
37.A los Ladrones en los pies, fueron amarrados, no clavados (DTG 693)
38.María estaba al mismo pie de la cruz (DTG 700)
39.Dios el Padre, estaba escondido tras la oscuridad (DTG 702)
40.Su carne estaba abierta por los azotes (DTG 703)
41.Con el terremoto, hasta las rocas y montes se partieron en dos (DTG 704, 716)
42.A los ladrones se les quebraron las piernas, pero a Jesús no (DTG 716)
43.A la hora del terremoto los sacerdotes estaban en el templo (DTG 705)
44.Justo después de la muerte de Jesús, Satanás fue desenmascarado (DTG 706, 709)
“Cuando Jesús estuvo en el sepulcro Satanás se sintió triunfado. Se atrevió a esperar que el Salvador no resucitase. Exigió el cuerpo del Señor, y puso guardia en rededor de la tumba, procurando tener a Cristo preso. Se airó acerbamente cuando vio a Cristo salir triunfante, supo que su reino acabaría y que él habría de morir finalmente”
Michaelle Henry
Jesús tenía una misión para la humanidad. El calvario fue el lugar de la ejecución del Salvador, como un hombre sin valor. Pero, hasta allí, Jesús oro por sus enemigos, pidió perdón a su Padre para ellos. Además, en su agonía sobre la cruz, un rayo de consuelo llegó a Jesús. Fue la petición del ladrón arrepentido. En la cruz, la última palabra de Jesús fue: “Consumado es”. Cuando Jesús vino al mundo el poder de Satanás fue dirigido a él. Desde que apareció como niño en Belén, el usurpador obró para lograr su destrucción.
Para Satanás, era la victoria, porque no entendía el plan de salivación de Cristo. Pero Cristo mismo comprendía plenamente los resultados del sacrificio hecho en el calvario.
Dilcia Bautista
Después de terminada la obra de redención, lo que significa la realización de un sacrifico infinito para salvar al mundo del pecado, Jesús descansó en paz durante las horas sagradas del sábado.
Luego de la crucifixión, los discípulos del Señor anhelaban darle una sepultura honrosa. Ante esta emergencia, José de Arimatea y Nicodemo vinieron en auxilio de los discípulos. José fue osadamente a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato accedió a dicha petición y luego, por sugerencia de los sacerdotes y fariseos, dispuso que el sepulcro fuese vigilado para evitar un posible robo del cuerpo de Cristo.
Todos los acontecimientos que se sucedieron nos muestran de que los esfuerzos hechos para impedir la resurrección de Cristo resultan los argumentos más convincentes para probarla. Así lo había declarado el Espíritu Santo por el salmista: “¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan vanidad? Estarán los reyes de la tierra, y príncipes consultaran unidos contra Jehová, y contra su ungido... El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlara de ellos”. Las armas y los guardias romanos fueron impotentes para retener al Señor de la vida en la tumba. Todo lo necesario para lograr la salvación fue consumado.”
Jesús se dirigía al Getsemaní como era su construmbre, pero el sabia que
Era la última vez que lo hacía.
Jesús como hombre debía sufrir las consecuencias del pecado del hombre.
Como hombre Jesús debía soportar la ira de Dios contra la transgresión.
El sentía que estaba alejado de la luz que era Dios, ya que cargaba con los pecados de la
Humanidad caída. El que no conocía pecado tenía que hacerse pecado y morir por todos nosotros.
Hendrick 2010-115
Mientras Jesús era juzgado las autoridades sabían que Juan era el discípulo amado, así que le permitieron entrar y Juan habló por Pedro para que también le permitieran la entrada. Cuando entraron Juan se fue por el lado donde no había tantas personas que le reconociesen para no armar revueltas y evitarse todo. Pedro hizo todo lo contrario se fue por donde estaba la multitud, ahí se cumplió lo que Jesús le había dicho que lo negaría tres veces ante que cantara el gallo dos veces. Y así fue, después de eso Pedro se sintió muy mal. Podemos ver cómo se cumple lo que a veces decimos que un amigo es aquel que está en las buenas y las malas, Juan estuvo en las malas y en las buenas, Pedro cuando vio la hora de la verdad se apartó de su maestro.
Joseph Cepeda Díaz
La apariencia de Jesús hizo una impresión favorable en Pilato. Su naturaleza mejor fue despertada. Había oído hablar de Jesús y de sus obras. Su esposa le había contado algo de los prodigios realizados por el profeta galileo, que sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos. Ahora esto revivía como un sueño en su mente. Recordaba rumores que había oído de diversas fuentes.
Resolvió exigir a los judíos que presentasen sus acusaciones contra el preso.
¿Quién es este hombre, y por qué le habéis traído? dijo.
¿Qué acusación presentáis contra él? Los judíos quedaron desconcertados. Sabiendo que no podían comprobar sus acusaciones contra Cristo, no deseaban un examen público. Respondieron que era un impostor llamado Jesús de Nazaret.
Los sacerdotes pensaban que con el débil y vacilante Pilato podrían llevar a cabo sus planes sin dificultad. En ocasiones anteriores había firmado apresuradamente sentencias capitales, condenando a la muerte a hombres que ellos sabían que no eran dignos de ella. En su estima, la vida de un preso era de poco valor; y le era indiferente que fuese inocente o culpable. Los sacerdotes esperaban que Pilato impusiera ahora la pena de muerte a Jesús sin darle audiencia. Lo pedían como favor en ocasión de su gran fiesta nacional.
Pero había en el preso algo que impidió a Pilato hacer esto. No se atrevió a ello. Discernió el propósito de los sacerdotes. Recordó como, no mucho tiempo antes, Jesús había resucitado a Lázaro, hombre que había estado muerto cuatro días, y resolviósaber, antes de firmar la sentencia de condenación, cuáles eran las acusaciones que se hacían contra él, y si podían ser probadas.
-Licenciado en Teología, egresado de la UNAD.
-Master en Administración de Empresas, Univ. de Montemorelos, México
-Doctorando en Administración y Liderazo, Atlantic Unternational University